No penséis que la muerte es tan horrible
ni penséis en el mal de su guadaña…
¡Tiene un rostro sonriente y apacible
y su mirada, en la Piedad nos baña!
Son sus galas
el misterio sutil que en todo anida…
¡Sabrás que ella es la fuente de la Vida!
Recibe con fruición sus blancas alas!
¿Qué sería de ti, hombre medroso,
si lo mismo que aquel Judío Errante
no pudieras morir? Castigo odioso,
jaula espantosa que olvidara Dante!
La muerte para el hombre es don divino,
reposo para todo el que se cansa;
fanal que nos alumbra en el camino
¡y en la noche sin luz, nuestra Esperanza!
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Del libro “Sin Literatura” del
poeta costarricense Rogelio Sotela
(1894-1943).
