Los pájaros de barro


Jesús, sentado en el umbral un día

cuando apenas contaba cinco años,

con la dúctil arcilla fabricaba

una serie de pájaros de barro.



En la contigua casa

Judas, sobre las gradas está echado:

rojo el cabello, con el gesto hosco,

era feo, cubierto de arañazos…



También como Jesús se divertía

en colocar en círculo sus pájaros;

solo que el pobre Judas nunca pudo

de tan bella manera modelarlos.



Jesús púsoles nombres, y decía

que sabían volar, que eran lejanos…

Judas solo callaba

y no pensaba nada de sus pájaros.

…………………………………

La tarde fenecía;

y estaba el sol tan bajo

que la luz pudo entrar por la pequeña

puerta de la ciudad.



Color rosado

de tonos vivos en la calle amplia

se difundía, y todo era dorado:

la tabla del anciano carpintero

y de Maria el frágil velo blanco.



Pero donde mas vivo el sol brillaba

era en aquellos charcos,

entre los bloques duros

del pavimento clásico.



En el charco más próximo

Jesús de pronto sumergió la mano

pues quería pintar sus pajarillos

con ese extraño resplandor dorado;

y el sol quiso prestarse buenamente

y fue en su mano un elemento plástico;

y cuando el niño puso en sus figuras

el agua que cogiera de aquel charco,

un resplandor de oro las cubría

maravilloso y mágico.



Judas, que desde lejos observaba

y recontaba de Jesús los pájaros,

lanzó un grito de asombro al ver que estaban

en ese oro bañados

y apresurose a sumergir su mano

en la brillante agua de los charcos.

Pero el sol se fugaba de sus dedos

infantiles y ávidos…



—Espera, Judas, —díjole el pequeño-

­voy a pintar tus pájaros.

—No, yo no quiero que los toques,

le respondió el muchacho,

y frunciendo las cejas con despecho

sus figuras de barro hizo pedazos.



Después se aproximo a Jesús.

Brillaban

sus ojos enconados

y deshizo colérico el primero

de los dorados pájaros.

Jesús entonces replicó: —¿No ves

que sienten tu maltrato?

Judas, riendo, con el pie deshizo

otros más, hasta cuatro.



Jesús se vio más débil

y buscó, acongojado,

el dulce amparo de su madre. Pero

mientras ella Ilegara se rompían.

Entonces, con enfado y con dulzura,

gritó el niño llorando:

“¡Volad! ¡Volad!, pues que os he hecho alas!”



Al momento los pájaros

se comenzaron a mover; y luego

ganaron una altura. Estaban salvos!

……………………………

Cuando los vio volar el pobre Judas

se tiro del cabello, sollozando,

y se arrojó a los pies del noble niño,

Pero desde aquel momento trágico

Judas sintió un extraño sentimiento:

odiaba y admiraba al niño mago.



Maria, que siguió la escena aquella,

a Judas alzó en brazos

y con ternura maternal le dijo:



“No puedes comprender, pobre muchacho,

que has intentado lo que nadie puede;

luchar tú contra aquel que ya ha logrado

pintar con el sol mismo

y dar soplo de vida al duro barro!”


Paráfrasis


Del Libro Rimas Serenas,

del poeta costarricense

Rogelio Sotela (1894-1943)