Prometida

Del poeta Rogelio Sotela

(1894-1943)

Para Amalia Montagné Carazo















Amalia Montagné de Sotela



Yo juntaré mi pensamiento casto

al pensamiento celestial de ella,

cual si juntara bajo el cielo vasto

dos distintos fulgores una estrella.


Tendré su mano pura entre mi mano,

como un pájaro trémulo y caído

que busca rimas en lugar de grano

y va a sorber azul entre su nido.


Juntaré mi tristeza ennoblecida

a su tristeza angélica y serena,

como una luz de luna desprendida

sobre el blanco temblor de una azucena.


Le ceñiré mis lauros y la nombro

la Reina espiritual y pensativa

para ufanarme con su frente esquiva

coronada por mí, sobre mi hombro!


Frente de hostias y de luz, pequeña,

como una estrella que cayó del cielo

para venir hasta su sien que sueña

bajo el ala ondulada de su pelo…


Veré sobre la paz de su mirada

la más honda promesa del Halago,

y allí estará mi alma reflejada

como un astro sereno sobre un lago.


Y como es un ánfora su cuello

en donde el alma de la Grecia busca

la línea inmaterial del arte bello,

será para mi amor ánfora etrusca.


Y mi mano en el ánfora, amorosa,

ávida de posarse en lo impoluto,

soñará en la caricia temblorosa

tallar sobre un marfil de Benvenuto!


* *

Signo de caridad, en mi camino,

será la buena amada que venero,

y para que arda ante su altar divino

será mi corazón un pebetero.


Altar de la Harmonía,

donde en ún cáliz de ilusión consagro

el rito espiritual de mi poesía,

en donde el ideal se hace milagro

y el amor se hace blanca epifanía.


Porque la amada que mi verso enciende

es fuente donde todo bien se hilvana;

ella el sentido de lo azul comprende,

sus alas blancas como un ángel tiende

con una santa devoción de hermana.


Yo la tendré junto al ensueño mío

para que haga más noble mi esperanza;

mi alma será la flor y ella el rocío

y estará el corazón en su acechanza

como están las riberas para el río…


Y así estará mi fe en su compañía,

y así estarán su bien y mi tristeza,

fundidas su humildad y mi alegría

como un hilo de agua que corría

con el hilo de agua que tropieza…


Y ser ella la espuma y yo la fuente,

y ser la musa que me dio sus galas

para seguir los dos serenamente

como van en un pájaro las alas!


Diciembre, 1917


Esta poesía publicada en el libro

La Senda de Damasco, en 1918

también se publicó en el Libro

“Rimas Serenas” en 1934