Humildad

¿Que alguien alza la voz y nos humilla?

¿Que alguien nos da una cruz y nos maltrata?

Está bien… que otros hagan de verdugos;

más bello es el dolor porque él nos salva.


¿Que nos hieren y que alguien nos acecha

a ver si nuestro débil pie resbala?

Está bien… será pródiga la herida;

como la tierra, en surcos se abre el alma.


¿Y qué más quiere el pecador? Le damos

el cariño ideal que no se gasta.

Por cada injuria que me lanzan, canto;

y por cada injusticia, tu me abrazas!


Yo nunca olvido tu humildad. La ostra,

-tú me lo has dicho-al dar la perla, sangra.

Enséñame bastante a ser humilde,

a ser humilde, bien humilde, hermana.


-Hermano, ser humilde, bien humilde,

así como la tierra o como el agua…

Darse todo a los hombres como el surco

y desprenderse cual la lluvia clara.


Ser en todo camino fuente pura

y dar sombra y quietud al que se cansa,

y no ver el dolor que nos hicieron

y ungir el mal de bien y de esperanza!


1920.

Del Libro de la Hermana, del poeta costarricense

Rogelio Sotela (1894-1943).